Hace mucho tiempo que ocurrió, hace años que deje de contarlo ya que nadie me creía. Aquella cama de enebro y de color azabache quiso llevar la fantasía a un hogar muy especial. Era la cama de mi abuela ,y en ella yacíamos tendidos mis primos y yo, durante la siesta o durante la noche , la cama nos sorprendía con el más dulce de los sueños, en los que jugábamos los dos allende los mares, encima de la cama y dentro de una casa flotante que tenia la particularidad de mecer las ideas , dentro de la cama y sus doseles, todo lo que mi primita y yo decíamos, todo lo que se nos ocurría, y los sueños se convertían en cosa cierta . Buscar tesoros no era difícil, volar tampoco y explorar muchísimo menos, nuestros sueños de piratas no tenían miedo de las espadas, pues siempre terminábamos venciendo. Pues los sueños de nuestras cabecitas rodaban y rodaban lo que a la cama nunca asustaba, y si en peligro estábamos la cama flotaba y volaba, hasta despertar del dulce sueño, en el que la cama decía ser por boca de mí abuela solo un mueble madera y muelles, solo una quimera que vestía de color el dulce sueño de la infancia.


